Ayer publiqué mi primera entrada después de varios intentos, y fue curioso volver a editar el blog y ver que lo había creado en 2008. Cada vez me sorprende más lo rápido que pasa el tiempo. En aquella época, con solo 19 años, me sentía muy, muy perdida, con un peso que para muchos era silencioso, pero para mí era una carga inmensa. Me sorprende que después de tanto tiempo, siga cargándolo, porque no he superado casi nada de lo que me pasó.
Llevo escribiendo desde los 12 años, escribiendo puros desahogos porque mi voz no se escuchaba. Mis letras, sin embargo, tenían la oportunidad de ser leídas. Con los años, descubrí que no todo el que lee entiende verdaderamente lo que dicen las palabras.
Siempre escribía cuando el peso se volvía demasiado. La mayoría de las veces el dolor me desbordaba, otras simplemente estaba en automático, y algunas veces ni siquiera podía escribirlo.
Hace aproximadamente 2 años, alguien me dijo que tuviera cuidado con mis escritos, que podían malinterpretarse y volverse en mi contra. Reflexioné mucho sobre eso. ¿Quién iba a malinterpretar mis escritos? ¿Aquellos que no sabían leer el verdadero significado de las palabras? 1 año, 7 meses y 1 día después, mis escritos fueron silenciados. Sí, los malinterpretaron y fui juzgada por ellos. Yo misma los borré para que no volvieran a juzgarme, para que ese peso se quedara silenciado, aunque lo siguiese cargando.
Después de escribir de nuevo, me he vuelto a sentir bien y preparada para continuar con esta segunda entrada. Se me ocurrían un montón de ideas para mi segunda publicación, pero no quiero correr mucho esta vez. Hay muchas cosas que me gustaría escribir, así que quiero ir despacio. Aunque el tiempo vaya en direcciones opuestas, sigue habiendo tiempo.
El hecho de que tenga ganas de seguir escribiendo me dice que esta vez puede que sea la vencida. Todavía estoy reaprendiendo a usar el blog, pero es un camino que vale la pena.
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